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Entrevista a Santiago Beruete

«Podemos obtener valiosas enseñanzas del reino vegetal sobre cómo pensar y actuar de forma sana»

Santiago Beruete, filósofo y jardinero, continúa con "Filosíntesis" su serie de ensayos donde cruza literatura, jardinería, filosofía, educación y espiritualidad.
Santiago Beruete, filósofo
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Santiago Beruete es licenciado en Antropología y en Filosofía, y desde hace tres décadas reside en la isla de Ibiza, donde compagina su actividad docente e investigadora con la creación literaria. En su obra juega un papel central las plantas y el jardín como espacio para el pensamiento y la sabiduría. En esta entrevista exclusiva para Guíaverde nos habla sobre su nuevo libro y todo lo que podemos aprender del reino vegetal.

¿Cuál es la tesis que subyace en tu nueva obra Filosíntesis

El neologismo que da título a esta obra alude, por una parte, a la fotosíntesis: la prodigiosa capacidad de las plantas de transformar la luz del sol y el agua en azúcares, que es el sostén de la vida en este planeta. Y, por otra parte, describe la voluntad de crear un manual de autodefensa y supervivencia filosófica sintetizando ideas, historias, informaciones científicas y demás, que pueda servir de brújula espiritual para navegar la complejidad de nuestra época.  

Vivimos en la sociedad de la información, pero información no es sinónimo, ni mucho menos, de conocimiento, y este tampoco equivale a sabiduría. Esa confusión terminológica se halla detrás de muchos de nuestros problemas. La sabiduría no se puede enseñar ni comprar. Cada cual debe, a imitación de la flora, fabricar su propio alimento espiritual. El proceso de elaboración de ese saber práctico bien podría llamarse «filosíntesis». He ahí la manera de responder a la pregunta filosófica por excelencia: ¿cómo vivir de la mejor manera posible? Lo cierto es que tanto plantas como humanos crecemos buscando la luz. Del mismo modo que extraemos del reino vegetal los principios activos para tratar los males del cuerpo y del alma, también podemos obtener de él valiosas enseñanzas acerca de cómo pensar y actuar de forma sana y beneficiosa. No por casualidad el color de la esperanza es el verde.

¿Cuál es la forma adecuada de encarar la lectura de tu nuevo libro? ¿Recomiendas una lectura lineal o fragmentada?

Este libro no exige una lectura lineal. Cada lector puede pasearse por sus páginas siguiendo su propio itinerario, conforme a un ars combinatoria de su elección. Me gusta imaginar FILOSÍNTESIS como un caleidoscopio filosófico que aborda retos existenciales tanto individuales (amor, muerte, salud mental, fe, esperanza…) como colectivos (la crisis climática en curso, la educación, la desigualdad socioeconómica, la dictadura del algoritmo…).

Este libro traza un puente entre la prosa sapiencial y la poesía visual del jardín, al tiempo que promueve una conciencia crítica y autorreflexiva de la biosfera y defiende el humanismo radical. Su programa se resume en la afirmación inquebrantable de una sola humanidad como parte de un Todo vivo, de un «nosotros sapiens» que comparte la casa común del mundo con los otros vivientes no humanos. Únicamente si ese sentimiento de comunidad planetaria prevalece sobre las mil y una formas de tribalismo, lograremos poner freno a la degradación de la biosfera y desviar el rumbo suicida de la sociedad tecnocapitalista.

¿Qué lugar ocupa Filosíntesis en tu bibliografía sobre la conexión entre cultura y naturaleza, y que se extiende en otros títulos como Jardinosofía, Verdolatría o Aprendívoros?

Si bien comparten el ADN literario, mis libros son organismos independientes. Los cinco títulos publicados hasta la fecha (Jardinosofía, Verdolatría, Aprendívoros, Plan(e)ta y Filosíntesis) forman un ecosistema vivo y mantienen entre sí sutiles relaciones simbióticas. Fruto de la fecundación cruzada entre literatura, jardinería, filosofía, educación y espiritualidad, estas obras están emparentadas por una escritura filosintética que se ramifica como una planta. Los neologismos que les dan título delimitan un campo semántico al que pertenecen términos como biomímesis, permaeducación, ecópolis o tecnohumanismo, entre muchos otros. A mi entender, esos conceptos encierran la simiente de un futuro esperanzador.

Buena prueba del carácter híbrido de estas obras es que se encuentran en las librerías y las bibliotecas en secciones tan dispares como filosofía, botánica, narrativa, divulgación científica, paisajismo, educación o espiritualidad. Contaré un episodio de la historia de la jardinería para ilustrar el propósito que me animó a escribirlos. En 1821 el escritor inglés Horace Walpole escribió, refiriéndose a las creaciones paisajísticas de uno de sus contemporáneos: «William Kent saltó la valla y vio que la naturaleza entera era un jardín». Del mismo modo, mis libros intentan saltarse las convenciones literarias y las barreras entre los géneros, al servicio de una escritura más poliédrica y rica en matices.

Vivo en la isla de Ibiza, donde convertí un trozo de bosque en un jardín de recreo y despensa. Ese espacio cultivado de unos 1.500 metros cuadrados estaba dividido en diferentes áreas: un huerto de cítricos, una rocalla con plantas aromáticas, varias terrazas delimitadas por setos de adelfas y plantadas con flores de temporada y trepadoras, bancales con cactus, palmeras y otras plantas hídricamente poco exigentes.

¿Cuáles son, según tu opinión, las razones principales por las que todos deberíamos tener y cuidar un jardín?

Hay muchas y buenas razones para cultivar un jardín o un huerto, si te lo puedes permitir. No es ningún secreto para nadie que la jardinería nos aporta beneficios físicos, psíquicos y espirituales. No solo contribuye a nuestra salud corporal, sino también emocional. Numerosos estudios demuestran que las personas que cultivan jardines o huertos, frecuentan parques públicos o habitan cerca de entornos arbolados tienen menos riesgo de padecer depresión, ansiedad, estrés o problemas cardiorrespiratorios, en parte porque las plantas mejoran la calidad ambiental al absorber contaminantes atmosféricos (como las partículas en suspensión de plomo, manganeso y cadmio entre otros metales pesados, así como el hollín, el polvo y los gases de actividades industriales), y en parte porque alivian la fatiga mental y restauran nuestras capacidades atencionales sobrecargadas por el frenesí urbano y las exigencias laborales.

Añádanse a estos beneficios físicos y psíquicos otros beneficios sociales, pues los jardines también animan a la práctica de actividades al aire libre, reducen la sensación de soledad y refuerzan los vínculos comunitarios y el sentimiento de arraigo y pertenencia. Investigaciones en curso avalan que los niños que crecen en ambientes arbolados son más creativos y menos irritables, gozan de una mayor capacidad de atención y seguridad en sí mismos. Además, estamos descubriendo que las infraestructuras verdes (huertos, parques, jardines urbanos) también contribuyen a mejorar la convivencia, reducir las tasas de criminalidad y el vandalismo, y aumentar el rendimiento laboral y escolar.

Descríbenos tu propio jardín. ¿Qué cultivas en él durante el año?

Vivo en la isla de Ibiza, donde convertí un trozo de bosque en un jardín de recreo y despensa. Ese espacio cultivado de unos 1.500 metros cuadrados estaba dividido en diferentes áreas: un huerto de cítricos, una rocalla con plantas aromáticas (salvia, lavanda, tomillo, orégano, romero, santolina…), varias terrazas delimitadas por setos de adelfas y plantadas con flores de temporada (dimorphotecas, pelargonios, plumbagos, hibiscos, caléndulas) y trepadoras (buganvillas, madreselvas, jazmines, thunbergia y glicinas), bancales con palmitos, washingtonianas, aloes, agaves, suculentas, pitas, yucas, lentisco y otras plantas hídricamente poco exigentes.

Más tarde me trasladé a vivir a una casita en la ciudad vieja (Dalt Vila), cuya cubierta he convertido en una terraza ajardinada con plantas de clima mediterráneo (buganvillas, bignonias, lantanas, cicas, plumbago, esparragueras, laurel, agaves…).

¿Dónde adquieres las semillas, plantas y material que necesitas para tu jardín?

Me abastezco de semillas, bulbos, planteles, macetas y herramientas en diferentes viveros y centros de jardinería de la isla: Jardín del Mediterráneo, Eiviss-Garden, Viveros del Río, Todolí, Cactus Ibiza, entre otros muchos. Durante mis viajes no solo me gusta conocer jardines y parques de recreo, sino también visitar los viveros. Disfruto paseándome entre las mesas repletas de tiestos de los invernaderos y las plantaciones a cielo abierto. Al traspasar la puerta de entrada, experimento una emoción parecida a la que me producen las librerías. Se aviva mi curiosidad, se me espabilan los sentidos y pierdo la noción del tiempo.

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