Cataluña mira al cielo esperando unas lluvias que palíen la sequía que supuso que la Generalitat decretara la situación de “excepcionalidad hídrica”. Las reservas de agua están al 27%. En la práctica supone la restricción de uso del agua en 225 municipios de 15 comarcas en las que viven 6 millones de personas. Entre las medidas puestas en marcha se encuentra la prohibición del riego con manguera o aspersores e incluso la imposición de un horario concreto para aportar agua a las plantas. De hecho, el riego solo está permitido para asegurar la supervivencia de plantas y árboles y está totalmente prohibido para el césped. De no mejorar la situación, la Generalitat podría dar un paso más hacia la situación de emergencia que bloquearía el acceso al agua todavía más.
¿Cómo están capeando los profesionales del sector esta situación? En el caso del Gremi de Jardineria de Catalunya hay «mucha preocupación», hasta el punto de que el la entidad está solicitando ayudas económicas compensatorias para evitar el cierre de empresas. Lo dicen teniendo en mente aquel fatídico 2008 en el que el territorio catalán sufrió una de las sequías más terribles que se recuerdan y que tumbó hasta un 30% de las empresas de jardinería, según datos de la entidad. Entre las mismas estarían la bonificación de cuotas de la Seguridad Social, facilitar las gestiones para las empresas que se vean obligadas a realizar despidos, así como una inversión en redes de aguas no potables para su uso en las zonas verdes.
«La jardinería solo consume el 4% del agua, pero parece que al igual que en 2008 se pone el foco en la jardinería porque el uso del recurso es muy visible e incluso se concibe como algo imprescindible», explica a GuíaVerde el presidente del Gremi, Miquel Marin. Destaca que desde aquella experiencia el sector ha trabajado y se ha actualizado para ser más eficiente en el riego, pero también plantando especies menos exigentes y adaptadas al clima de Cataluña. Y recuerda que «las zonas verdes son una herramienta contra el cambio climático, una necesidad para las personas que se ha demostrado su efectividad por ejemplo ante las islas de calor».
«Ya estamos muy limitados, vamos a hacer todo lo posible por reducir el uso del agua, pero en nuestro caso no podemos ir mucho más allá, sería directamente dejar morir la vegetación», sentencia Marin.
Buena situación en los viveros
También se aferran los viveristas catalanes a que las lluvias lleguen antes del calor del verano. Por el momento, sin embargo, estos profesionales están salvando la temporada primaveral, la más importante del año.
«Cuando se decretó la excepcionalidad estábamos muy preocupados porque coincidía con la campaña y temíamos que se frenase el consumo de plantas, pero hay normalidad en las ventas», explica Pol López, de la Federació d’Agricultors Viveristes de Catalunya. «También hay normalidad en la producción porque la mayoría de los viveros hacen un uso muy eficiente del riego. La falta de agua viene de décadas atrás y los profesionales han ido invirtiendo en ser cada vez más eficientes en el riego o incluso recogiendo el agua de los techos de los invernaderos».
López incide que, no obstante, ver pasar los días en el calendario sin que aparezca la lluvia les acerca a la situación de emergencia que se traduciría en un «verano muy malo con las nuevas restricciones».




