A lo largo de los últimos años diversas investigaciones han demostrado que los espacios verdes en las ciudades o la práctica de la jardinería benefician la salud mental de la población. Ahora un grupo de investigadoras han querido concretar estos beneficios en una ciudad española, Barcelona, y focalizándose en una estrategia planificada por el ayuntamiento para aumentar la masa verde de la ciudad, como son los ejes verdes.
Los ejes verdes son un plan municipal que está incluido en el proyecto de supermanzanas que aspira a transformar una de cada tres calles de Barcelona en corredores verdes. De ejecutarse en su totalidad, supondría un aumento del 5,67% de la superficie verde de la ciudad.
Con ese escenario el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) – impulsado por la Fundación La Caixa, la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona entre otras instituciones- calcula que implementar el plan de ejes verde de la ciudad condal podría reducir en un 13% las visitas médicas por problemas de salud mental, el consumo de tranquilizantes y ansiolíticos en un 8% y el de los antidepresivos en un 13%. Además, los casos de mala salud mental autopercibida bajarían en un 14%. Los ahorros estimados en costes indirectos e indirectos de salud mental serían de 45 millones de euros al año.
Para llegar a estas conclusiones, las investigadoras se basaron en un estudio previo que cuantificaba la superficie de espacio verde y el grado de verdor de la ciudad en 2015. Con estos datos calcularon cuál sería el aumento de espacios verde sque supondría la implementación de los ejes verdes. Al mismo tiempo obtuvieron los datos de salud mental de la población de la Encuesta de Salud de Barcelona (2016-2017) y aplicaron los cálculos de estudios previos sobre la relación entre espacios verdes residenciales y salud mental.


Mark Nieuwenhuijsen, director de la Iniciativa de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud de ISGlobal, destaca que «para que se produzcan estos beneficios es imprescindible que las actuaciones se distribuyan de manera equitativa por toda la ciudad y que vayan acompañadas de políticas complementarias, como sistemas de transporte público y activo de alta calidad, zonas de bajas emisiones o políticas para luchar contra la especulación y la gentrificación».
Por su parte, Natalie Mueller, investigadora de ISGlobal y coautora del estudio, señala al respecto que «Barcelona tiene un problema que debe solucionar de manera urgente. Actualmente, solo el 11% de la ciudad está ocupado por espacio verde, y eso contando Collserola, que aglutina el 60% del espacio verde municipal. En el Ensanche, por ejemplo, tan solo el 6,5% de la superficie está destinada a espacio verde, cuando calculamos que para cumplir con la recomendación de la OMS de al menos un espacio verde de al menos 500 metros cuadrados a no más de 300 metros de casa, habría que llegar al 25% de la superficie».
En esta línea Evelise Pereira, investigadora y coautora del estudio, añade que «a nivel europeo tan solo el 40% de las personas que habitan en ciudades gozan del acceso al verde recomendado, lo que indica que hay mucho trabajo por hacer en materia de reverdecimiento urbano».




