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ANUARIO DEL SECTOR VERDE

“Un huerto real no es un decorado. Es vida, con sus ritmos, sus sorpresas y sus desafíos”

Entrevista a Miquel Rodríguez Reynés, fundador de Hortus Domi y Greenfluencer del Año 2025
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Hortus Domi se ha consolidado como un proyecto de referencia en divulgación y cultivo doméstico, combinando horticultura, diseño y educación ambiental. Al frente está Miquel Rodríguez Reynés, reconocido en 2025 con el Premio Greenfluencer del Año por la Asociación de Comercializadores y Productores de Planta Ornamental (ACPO), por su labor comunicativa y su contribución a la cultura verde. Conversamos con él para conocer cómo ha evolucionado su proyecto, el papel de los nuevos prescriptores verdes y los retos que afronta la relación entre sociedad y naturaleza.
 

Tu trabajo combina horticultura, diseño y comunicación. ¿Cómo se cruzaron estos caminos?
Estaba estudiando Bellas Artes en Barcelona, en medio de lleno en el arte, pero también en un momento personal en el que quería cambiar mi alimentación. Lo ecológico casi ni se conocía, y quería entender de verdad qué estaba comiendo. Así que pensé: ¿qué mejor manera que cultivarlo yo mismo? Mis suegros me atraparon con un trocito de tierra y ahí se encendió la chispa. Empecé a trastear, a leer, a probar… y descubrí un mundo que me atrapó por completo. Era como una mezcla rara pero perfecta entre cuidarme a mí, cuidar de la tierra y crear algo bello con mis manos. El arte entró solo, sin forzarlo. Al final, mi manera de mirar las cosas —la composición, la estética, el detalle— aparece en todo lo que hago en los huertos. No concibo un huerto solo productivo: para mí tiene que ser un lugar que te haga sentir bien, que cuente algo, que tenga alma. Y así se fueron mezclando los tres caminos: el arte, el cultivo y, más adelante, la comunicación para poder compartir todo esto con más familias.

A menudo hablas de “cultivar sin artificios”. ¿Qué principios guían tu manera de trabajar?
Cuando hablo de cultivar sin artificios me refiero a algo muy sencillo pero muy profundo: dejar que la naturaleza haga su trabajo y acompañarla en lugar de forzarla. La base de todo para mí es la permacultura.
Mi manera de trabajar el huerto, pero también mi manera de criar a mis hijos y de vivir. Observar antes de intervenir. Entender los ritmos. No intentar imponer nada. Un huerto, al final, es un espacio creado por el ser humano, sí, pero puede funcionar como un pequeño ecosistema si lo diseñamos con cabeza y con respeto. Yo busco eso: equilibrio, vida, biodiversidad. Que haya flores, aromas, insectos, pájaros… que todo tenga su lugar y su función.
Y luego está la parte de educación ambiental, que para mí es básica. No se trata solo de enseñar técnicas, sino de enseñar desde el ejemplo. Que los niños toquen la tierra, que vean cómo una semilla se despierta, que entiendan que las cosas llevan su tiempo.

¿Qué es Hortus Domi hoy y cómo ha evolucionado?
Hortus Domi nació con una idea muy sencilla: ayudar a las familias a vivir la experiencia de cultivar sus propios alimentos en casa. Sin complicarse, sin grandes infraestructuras, desde un balconcito hasta un jardín enorme. Yo quería que cualquiera pudiera sentir lo que sentí la primera vez que recogí mis propias verduras: una mezcla de alegría, calma y orgullo.
Empecé montando los primeros huertos y acompañando a las familias a cuidarlos. Poco a poco esto fue creciendo. Han pasado más de 14 años y he tenido la suerte de cultivar más de 250 huertos repartidos por toda la isla de Mallorca. Cada uno distinto, cada uno con sus retos… y todos me han enseñado muchísimo sobre los espacios, los microclimas y cómo se comportan los cultivos.
Hoy Hortus Domi es mucho más que montar huertos. Sigo diseñando y creando espacios comestibles, pero también hago consultorías, doy cursos y participo en proyectos muy especiales en los que la gente confía plenamente en mí.

Has logrado conectar con un público muy diverso. ¿Qué papel tienen los divulgadores verdes?
Los divulgadores y creadores de contenido tenemos un papel clave en el sector verde. Gracias a las redes somos capaces de llevar las plantas, los cultivos y todo este mundo a hogares donde de otra manera nunca habría llegado.
Damos conocimiento, acompañamos, resolvemos dudas y, sobre todo, damos confianza. Mostramos maneras nuevas de cultivar, enseñamos cuidados, compartimos errores, novedades… y eso ayuda muchísimo a la gente que está al otro lado de la pantalla.Además, en un momento en el que lo online ocupa tanto espacio en nuestras vidas, esta divulgación tiene un impacto enorme. No es solo enseñar a sembrar una lechuga. Es despertar curiosidad, mejorar la relación con la naturaleza, cambiar hábitos y, poco a poco, transformar cómo entendemos la alimentación y el entorno. Para mí, cuanto más seamos mostrando que cultivar es sencillo, bonito y transformador, mejor será el futuro del sector verde… y el de todos.

¿Qué responsabilidades y oportunidades tiene quien comunica desde la naturaleza?
Nuestra responsabilidad es enorme. Cuando comunicas desde la naturaleza estás influyendo directamente en cómo las personas entienden la vida, la alimentación y hasta el ritmo del día a día. Hay que ser transparente, mostrar lo bueno, pero también las dificultades. Porque un huerto real no es un decorado. Es vida. Con sus ritmos, sus sorpresas y sus desafíos.
La oportunidad también es muy bonita: podemos inspirar a miles de personas a cultivar, a observar, a comer mejor, a valorar el suelo, el agua, la biodiversidad. Podemos ayudar a que familias enteras descubran que tener un pequeño espacio verde en casa cambia la manera de vivir. Al final, creo que el prescriptor verde del futuro debe ser alguien que acompañe, que eduque desde el ejemplo y que contribuya a que la naturaleza vuelva a tener el lugar que merece en la vida diaria. Sin artificios, sin postureo… con verdad.

Mirando al futuro, ¿qué te gustaría que cambiara en la relación con la naturaleza?
Tengo la sensación de que el cambio ya está en marcha. Cada año veo a más familias y a más empresas haciéndose preguntas: de dónde vienen los alimentos, qué impacto tiene lo que consumimos, cómo cuidar el agua, el suelo, la biodiversidad. Esa semilla ya germinó y ahora empieza a asomar con fuerza. Es verdad que existe el greenwashing y lo vemos todos. Pero incluso eso, aunque sea puro marketing, ayuda a poner el tema encima de la mesa. Hace que la gente hable, que se cuestione, que compare… y al final empuja a que las empresas tengan que ser de verdad más responsables. Lo que me gustaría para el futuro es que vayamos hacia una relación más honesta y equilibrada con la naturaleza. Que dejemos de verla como un recurso infinito y empecemos a verla como una compañera de viaje. Que cada persona —y también el sector— entienda que no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo mejor. Con sentido común, con respeto y con conciencia de que cada gesto suma. Si logramos avanzar hacia esa manera de vivir, de producir y de consumir, creo que podremos construir un futuro mucho más sano, más bello y mucho más humano.
 

 

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