La Federació de Viveristes de Catalunya ha hecho un llamamiento para establecer un trabajo conjunto con las diferentes administraciones para conseguir mejores zonas verdes, adaptadas a los distintos retos actuales, como el del cambio climático o el de aumentar sensiblemente los árboles plantados en Europa tal y como explicita la voluntad política de Bruselas. Esta entidad lo ha así expuesto en el Congreso Nacional de Parques y Jardines Públicos que ha celebrado en Marbella su 51 edición.
Su presidente, David Borda, lo ha defendido en la mesa redonda llamada «El papel de los viveros en la biodiversidad urbana: retos ante el cambio climático». En ella, ha recordado que es necesario ya hablar de «árbol ambiental» en lugar de «árbol ornamental» por el papel que juegan estas plantas en la trama urbana de las ciudades y pueblos. Para que la etiqueta sea adecuada es necesaria esta interlocución estratégica entre la parte productora (los viveristas) y la compradora (los ayuntamientos y otras administraciones).
Además, recuerda Borda que para alcanzar los objetivos ampliamente compartidos por nuestra sociedad, como el de convertir las urbes en entornos más amables con el verde como protagonista, es necesaria una planificación que implique a todas las partes. Y es que hacer crecer las plantas en un vivero no es una cuestión rápida ni económica, especialmente con los árboles. Una apuesta compartida y razonada, recuerda el propio Borda, no sólo aporta un espacio más atractivo y eficiente en la gestión, sino que es también un claro promotor de la biodiversidad. Sobre el papel de este último aspecto, Borda lo ha ejemplificado poniendo cifras sobre la mesa. Por ejemplo, cabe recordar que el viverismo es el sector de la agricultura que más biodiversidad aporta puesto que trabajan con 900 especies de plantas diferentes. Esto significa, que cada dos hectáreas plantadas en este sector, se emplea una especie distinta.
Por tanto, el acierto en una buena elección de arbolado, planta arbustiva o planta de flor, explicaba el presidente de la Federació de Viveristes de Catalunya, tiene un impacto directo en aspectos de naturaleza, como la riqueza de especies de pájaros y polinizadores como abejas o mariposas que pueden haber en un lugar. También en el bolsillo de los consistorios, porque acertar en el tipo de zona verde que se proyecta implica muchas veces menos gastos de gestión, menos agua para regar y/o menos inversión en repoblaciones de especias. De hecho, otra de las ponentes, María Jesús Rodríguez de Sancho, directora general de biodiversidad, bosques y desertificación de MITECO explicaba que los estudios demuestran que por cada euro que un ayuntamiento invierte en biodiversidad el retorno por éste es de ocho euros.
Por todo ello, Borda ha hecho un llamamiento a consistorios y otras administraciones para que establezcan conversaciones fluidas con el sector de los viveristas y la planta viva. Que se aprovechen de su experiencia a la hora de planificar sus espacios verdes. Recuerda que cada sitio puede tener sus prioridades y circunstancias, y que esto se acaba traduciendo en la apuesta por unas u otras plantas.




