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ARAGÓN

Los guardianes de la carrasca milenaria de Lecina

Técnicos y propietarios de los terrenos en los que vive el Árbol Europeo del Año colaboran para cuidar de este ejemplar singular

08/04/2021Autor: GuíaVerde

“La relación con la carrasca ha sido estrecha porque mi padre Nicolás a este árbol lo cuidaba como un hijo. Lo cuidaba, lo mimaba, y no quería que nadie le tocara este árbol”. Son las palabras de María Jesús Arasanz, vecina de Lecina (Huesca), que forma parte de una de las dos familias propietarias de los terrenos en los que se erige la carrasca galardonada con el premio Árbol Europeo del Año.

María Jesús describe parte de esos recuerdos en la casa familiar en uno de los vídeos realizados para promocionar la candidatura de este ejemplar que superó los 100.000 votos arrasando sobre el resto de candidaturas. Quizá esos cuidados familiares, ese apego de Nicolás a la carrasca, fueron fundamentales para que hoy siga mostrándose imponente, con sus más de 16 metros de altura. Nicolás no pudo ver cómo ese hijo hecho de madera y savia que ha crecido bajo el calor y las nieves ha sido titular de tantos periódicos, ligado al nombre de un pueblo de tan solo 13 vecinos. Pero su familia tiene claro que le haría muy feliz.

En algún momento de su vida, recuerdan sus hijas, Nicolás llegó a untar con manteca de cerdo el tronco de la carrasca para evitar así que la gente se subiera a ella, porque pensaba “que se la iban a matar”. Hoy la familia sigue el legado de su padre, pero -para su tranquilidad- su catalogación como árbol singular en 2017 le ha otorgado una protección especial por parte del Gobierno de Aragón.

Nicolás, uno de los dueños de la carrasca, llegó a untar con manteca de cerdo el tronco de la carrasca para evitar así que la gente se subiera a ella

Los cuidados populares dieron paso hace tiempo a una colaboración entre esa observancia diaria de los vecinos directos del árbol y los profesionales de la administración. El equipo que se ocupa directamente de este árbol lo conforman varias personas, desde agentes forestales a capataces, ingenieros de montes o los expertos de la Unidad de Salud de los Bosques. Son los agentes forestales quienes, actuando como guardianes de este árbol en caso de detectar cualquier problema avisan a los ingenieros para que valoren la situación y tomen las decisiones pertinentes para actuar.


Uno de esos ingenieros es Ángel Gari, quien atiende a GuíaVerde. Explica que se trata de “un árbol muy vital”. “Sorprende la resistencia que ha mostrado a estas últimas nevadas pues está en un sitio con cierta altitud”. Cuenta que este ejemplar no requiere actualmente de especiales cuidados y produce bastante bellota.

Entre las últimas actuaciones, habla de un desbrozado “quirúrgico”. Señala que se han tenido que retirar yedras y zarzas por dos motivos. El primero, porque podían empezar a engancharse al árbol y sobre todo a las ramas, por lo que tuvieron que retirarlas “con mucho cuidado. Fue un desbroce quirúrgico, no puedes entrar con la desbrozadora…”, recuerda. El segundo motivo era facilitar el disfrute visual del árbol, que dice Gari, lo han agradecido mucho los visitantes. Todo el material retirado -cuenta- se trituró posteriormente, pero en una zona alejada del árbol para evitar cualquier transmisión de hongos en caso de que los hubiera.

Recientemente se tomó la decisión de perimetrar el árbol con un pequeño vallado artesanal para evitar el acceso a ciertas partes de la copa y se ha reforzado la vigilancia en los fines de semana y los días festivos por el previsible aumento de visitas de turistas. Pero aún así Gari señala que los visitantes están siendo muy respetuosos. “Nos cuentan los vecinos que a lo mejor hay 50 personas alrededor del árbol y hay un silencio sepulcral”.

Para este ingeniero es fundamental tener en cuenta esa tradición popular de los cuidados que han hecho los propietarios. A pesar de que debido a la protección administrativa los dueños de los terrenos no pueden actuar legalmente sobre el árbol, “se tiene en cuenta su opinión a la hora de actuar porque esta gente ha logrado que el árbol siga aquí”. La clave está, explica, en escuchar los cuidados que le dieron, la experiencia familiar con el ejemplar, para luego filtrarlo desde un punto de vista técnico. Y es que cuando los vecinos dicen que el árbol “llora” es que está exudando, o si le pusieron abono del ganado, solo hay que hacer una traducción al lenguaje químico. “Para mí es clave el diálogo”, reivindica Gari.