“Si no llueve en octubre será el final del sector de la floricultura en Sevilla”. Así de contundente es el panorama al que se enfrentan los productores andaluces, según explica a GuíaVerde Diego Bellido, secretario de organización de COAG en Sevilla.
La sequía ha hecho que la situación sea crítica en las explotaciones del Bajo Guadalquivir y Chipiona. Es de un nuevo golpe al sector, que según explican desde COAG lleva arrastrando problemas desde la crisis de la COVID-19, la cual obligó a tirar toda la producción en 2019 y supuso la reducción de la producción en Chipiona de 400 a 200 hectáreas. Las posibilidades de levantar cabeza se han visto frustradas con la guerra de Ucrania que ha disparado los costes de producción y ha mermado la competitividad. Explica Bellido que mercados como el de Turquía o Túnez que antes nutrían los mercados de Rusia y Ucrania ahora lo hacen donde llegaban las flores andaluzas, que no pueden competir con los precios más bajos de aquellos países.

Estas explotaciones de flor cortada ya venían sufriendo escasez de agua desde 2021 y para poder hacer frente a la carencia de agua han tenido que comprar agua a los arroceros, con un coste más elevado del habitual, por lo que han de regar “lo justo y necesario”, apunta Bellido. Ello repercute de manera directa en el desarrollo de las plantas y el resultado es que tienen un menor desarrollo y por lo tanto una pérdida de valor de venta. El representante de COAG hace hincapié en que “la flor cortada es una economía familiar, de un vivero dependen familias enteras”.
Mientras esperan esas deseadas lluvias, COAG ha solicitado a la Junta de Andalucía que contemple ayudas a las explotaciones por la situación de sequía.




