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El privilegio de ponerle nombre a una nueva planta

El investigador Mario Fernández-Mazuecos, que ha participado en uno de los 20 descubrimientos españoles de nuevas especies en 2019, explica cómo se realizan estos hallazgos15/01/2020Sector: Viveros productores de planta | Comercialización y distribución | Jardinería y Paisajismo | Empresas auxiliares | Organizaciones y otros | Puntos de venta al público | Semilleros | ObtentoresAutor: GuíaVerde

Mientras los astrónomos ponían nombre a nuevos exoplanetas, mientras se afanaban buscando en el universo cuerpos celestes a los que “bautizar”, en la falda de la sierra de Gredos, uno de los lugares más rastreados de la Península Ibérica por los botánicos, una delicada y bella flor azulada aguardaba a ser descubierta.

A saber cuántas veces había sido vista por senderistas y científicos sin reparar en que todavía nadie había dicho con qué nombre tenían que llamarla.Eso fue hasta 2019, cuando un equipo de botánicos españoles la descubrió y constató que se trataba de una especie nueva. Muy lejos de allí, a unos 2.000 kilómetros, en la isla de la Gomera, también tenía lugar un hallazgo extraordinario: un único individuo de una nueva especie totalmente desconocida de preciosas flores rojas…

Aunque parezca extraño, en la época en la que cualquier rincón del planeta puede ser presa de la cámara de un móvil, todavía quedan especies de plantas por conocer. Tan solo el año pasado los botánicos españoles encontraron hasta 20 nuevas especies, ocho de ellas en territorio español.

“Cada año se describe un número bastante importante de nuevas especies en todo el planeta, en torno a 2.000. También en la Península Ibérica. Y si aquí quedan por descubrir, pues nos podemos imaginar cuántas habrá en países que tienen más biodiversidad y que están menos explorados, como los tropicales...”, cuenta a GuíaVerde Mario Fernández-Mazuecos, investigador postdoctoral en el Real Jardín Botánico de Madrid y miembro de la Sociedad Botánica Española (SEBOT), quien participó en el hallazgo de esa planta hasta entonces anónima de la Sierra de Gredos.

El investigador Mario Fernández-Mazuecos

“El problema que existe es que pese a que quedan muchas especies por descubrir, cada vez se dedican menos recursos a este tipo de trabajo”, apostilla Fernández-Mazuecos, quien detalla que “la descripción de nuevas especies puede resultar en ocasiones poco agradecida desde el punto de vista de la financiación y los recursos, porque es un trabajo que está poco valorado en relación al tiempo que supone”.

“Se pueden utilizar las técnicas más avanzadas, como la genómica, pero también requiere un trabajo más básico de salir al campo, buscar qué especies hay, conocer las que hay descritas para poder reconocer una nueva cuando la encuentras, y luego una vez que tomas muestras de esa posible nueva especie hacer todo el trabajo de lupa, el de analizar las características de esa especie para poder diferenciarla de otras”. A esa falta recursos se suma, según señala, la falta de reconocimiento de la administración y del mundo científico. Este trabajo, apunta, no se publica en revistas “de mucho impacto”.

Dos de las nuevas especies descubiertas


Una planta carnívora y hasta siete especies de la familia de las margaritas

La recopilación realizada por SEBOT de las especies descubiertas por los botánicos españoles suma 20 plantas, siete de ellas en la España peninsular y una en las Islas Canarias. Destacan el Lotus gomerythus, de espectaculares flores rojas, de la que solo se ha detectado un individuo, en una zona en la que se ha librado de los herbívoros. La antes señalada Linaria vettonica de la Sierra de Gredos llama la atención por haber pasado desapercibida tras cientos de campañas de recolección botánica.

Por su parte, el botánico catalán Joel Calvo ha descrito hasta siete especies nuevas de la familia de las margaritas en los Andes, y se han hallado cuatro nuevas especies de musgo, así como una planta carnívora o un arbusto en otros descubrimientos.

Preguntamos a Mario Fernández-Mazuecos cómo son esas campañas botánicas y la respuesta es que requieren de un gran conocimiento y un trabajo posterior exhaustivo. “Describir nuevas especies no es la parte principal de mi trabajo. Yo me dedico a estudiar la evolución de las especies, si bien también hago campañas de campo. En ese caso sabes las especies que quieres recolectar para hacer unos determinados estudios genéticos, por ejemplo para analizar cómo se relacionan unas especies con otras o dónde hay más diversidad genética de una especie”, cuenta el investigador.

“Planificas las especies que quieras recolectar y tomas las muestras con unas metodologías. Lo que pasa es que en esas campañas de recolección a veces te puedes encontrar especies que no son exactamente las que estás buscando y que pueden ser parecidas o relacionadas, pero que no encajan bien con las descripciones que hay de las especies conocidas. Esas son las muestras que hay que recoger y llevar a tu centro de investigación para comparar con otras parecidas. Se pueden hacer estudios genéticos si son necesarios para ver dónde encajan esas plantas o si es alguna que no conocíamos”, apunta.

Esta sería, comenta, la forma de trabajar en su campo. Además hay investigadores que hacen una labor “más florística”, que se dedican a organizar campañas de recolección “en las que sí están interesados en describir de una manera muy detallada las especies que hay en una determinada región”. Según explica, estos especialistas van a una zona y toman muestras de las plantas que se encuentran, que luego depositan en un herbario, una colección botánica donde ya quedará disponible de manera indefinida para cualquier botánico.

“En estas campañas la mayoría de las especies que se encuentran serán conocidas, pero en determinadas regiones se pueden encontrar plantas que no encajan”, explica.

¿Y qué ocurre cuando tenemos sospechas de que estamos ante una flor que nadie conoce? Mario Fernández-Mazuecos nos explica el proceso con el cual podremos dar la noticia de que tenemos una nueva especie. Primero el botánico debe asignar la especie a un género y revisar la bibliografía para comparar su morfología con la de otras. También se podrán hacer estudios genéticos que confirmen que hay diferencias evidentes que se suman a las morfológicas. Si nada de ello encaja en lo que ya se conocía tendremos una nueva especie. Habrá entonces que ponerle un nombre y publicar el hallazgo en una revista científica junto a unas necesarias descripciones técnicas. A partir de entonces podremos sumar una especie al conocimiento humano.