En un mundo cada vez más tecnológico y desigual entre naciones, la agricultura constituye uno de los medios más importantes para impulsar la prosperidad de muchos y alimentar a una población que no deja de crecer. Sin embargo, el sector se ha visto afectado por diversas alteraciones, como pandemias, guerras o fenómenos meteorológicos extremos, que han disminuido las importaciones de cultivos clave, como el trigo o el maíz. Esto, a su vez, complica algunos de los objetivos que se habían marcado a nivel mundial, como el de poner fin al hambre en el mundo para 2030.
Contribución económica de la agricultura
El valor económico de la agricultura a nivel de país está íntimamente ligado a la forma en la que el trabajo se desarrolla. En los países menos desarrollados, donde la agricultura se desarrolla principalmente mediante una enorme cantidad de mano de obra, el sector agrícola puede representar hasta el 50% del PIB; por su parte, en los países más desarrollados, donde la tecnología sustituye a una buena parte de la mano de obra humana, su aportación al PIB es inferior al 10%.
No obstante, esta drástica disminución en la representación del PIB no necesariamente es mala. La agricultura por sí sola no tiene poder para distribuir los alimentos de forma eficaz, de ahí que otros sectores, como el sector transportes o incluso el sector industrial, estén totalmente conectados entre sí. De hecho, se estima que, en los países más desarrollados, aunque la agricultura represente un PIB muy pequeño, por cada unidad monetaria que se obtiene en el sector, se generan 2 más en valor añadido en las industrias mencionadas anteriormente.
Empleo y sustento
Lejos del ajetreo de las grandes ciudades, la agricultura supone una de las principales bolsas de trabajo de la gente en el ámbito rural. Esto sucede también en los países más desarrollados. Por ejemplo, en EE.UU, el cultivo de la almendra emplea a más de 110.000 personas solo en el estado de California. Hay que tener en cuenta que no todas esas personas son agricultores: hay investigadores que buscan nuevas técnicas sobre cómo plantar una almendra, trabajadores encargados del transporte y vendedores de suministros específicos para el cultivo de almendras.
Dadas las dificultades de empleo en las zonas rurales, las políticas de apoyo al empleo agrícola y no agrícola son una excelente manera de promover el empleo juvenil en la región, modernizar el sector y asegurar que el día de mañana siga habiendo trabajadores y justificar nuevas inversiones en servicios básicos y capital humano que haga que las zonas rurales no queden desiertas.
Comercio y relaciones internacionales
Con la globalización, no es extraño ver todo tipo de frutas y verduras en los supermercados, incluso si no se cultiva en esa región o país, o si no es su temporada de cultivo. Las mejoras tecnológicas hacen posible el disfrutar de alimentos que, de otra manera, quizá no podríamos llegar a consumir. Como es natural, estas importaciones y exportaciones afectan de forma evidente a las relaciones internacionales y a los balances económicos globales.
Solo en la UE, las importaciones agroalimentarias tienen un valor de miles de millones de euros al mes. Más allá de satisfacer las necesidades y demanda de los clientes locales, esto supone un auténtico bote salvavidas económico para otros países. Sin salir del continente, Ucrania es el principal exportador de cereales y oleaginosas, equilibrando su maltrecha economía afectada por la invasión ilegal rusa de 2022. Yendo más allá, países africanos como Marruecos, Egipto, Túnez o Costa de Marfil aumentan sus beneficios año tras año con la exportación de cacao, frutos secos u hortalizas y se posicionan como socios fiables y prioritarios de uno de los grandes núcleos económicos del planeta.
Teniendo en cuenta que muchos países tienen una situación económica precaria, con dificultad para ajustar los presupuestos anuales y crecer de forma sostenida, estas exportaciones suponen una magnífica oportunidad para participar en el comercio mundial y tener la posibilidad de crecer económicamente.
Avances tecnológicos y productividad
La agricultura tradicional no solo es inefectiva, sino que también es uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero. Con la mente puesta en la sostenibilidad y pensando en una mejora del rendimiento, el sector ha encontrado en la agricultura de precisión su punta de lanza para cumplir con este objetivo. Se trata de un sistema de gestión agrícola basado en datos y en la tecnología moderna para una conseguir el máximo rendimiento mientras se protegen los recursos naturales. Una de las actividades derivadas de la agricultura de precisión es la aplicación de tasa variable (VRA) de insumos, como agua, fertilizantes o pesticidas.
Los avances tecnológicos que hacen posible este tipo son diversos. Además de la ya mencionada tecnología de tasa variable (VRT), se suman otras como el Sistema de Posicionamiento Global (GPS), la inteligencia artificial o la teledetección, por mencionar algunas de ellas. En el caso de la teledetección, hablamos de imágenes de satélite que permiten obtener una vista completa desde arriba del campo. Pero ese no es su único uso, pues sirve de base para otras funciones imprescindibles.
En las plataformas de agricultura de precisión, como EOSDA Crop Monitoring, las imágenes se combinan con índices de vegetación, para poder conocer las condiciones de las plantas y el suelo, incluso si no son visibles a simple vista. Contar con diferentes fuentes de datos también permite usar las imágenes más apropiadas para cada caso, siendo las de alta resolución las que más calidad tienen, aunque por el contrario menos superficie muestran. Al combinar estos datos con otras funciones, como datos meteorológicos, una app de Exploración o la gestión de equipos, se obtiene una visión completa del campo.
Desafíos y retos
Como en la mayoría de sectores, la agricultura no está exenta de riesgos. El cambio climático, el incremento en el precio de los insumos, ciertas decisiones políticas o los mercados mundiales afectan de forma directa a los ingresos de las explotaciones agrícolas. Los principales tipos de riesgo son los siguientes:
● Riesgo de producción: Variaciones en la calidad y/o cantidad de los productos obtenidos durante la temporada
● Riesgo de mercado: Variaciones en el precio que pagan los agricultores por los insumos o el que reciben por su cosecha.
● Riesgo financiero: Incapacidad para hacer frente a las deudas contraídas.
● Riesgo institucional: Impacto que las decisiones políticas pueden tener en la empresa o el sector.
● Riesgo humano: Problemas como falta de personal o crisis personales que pueden afectar a los empleados.
Una buena gestión del riesgo necesita de la adopción de estrategias que puedan mitigar los efectos negativos de estos riesgos.
La agricultura sigue siendo parte central de la economía de los estados de todo el mundo. Desde su propia producción hasta el valor añadido que genera en otros sectores, la agricultura es una de las actividades que más gente emplea en todo el mundo y es una de las fuentes más importantes de alimento que tenemos. Cuidar de ella entre todos es clave para la seguridad y el equilibrio del planeta.




