Pascal Smet, secretario de estado de urbanismo de la región en la que está enclavada la capital belga, daba a conocer a través de su cuenta de Twitter el ambicioso plan de urbanismo que se ha presentado al gobierno regional y que supone una auténtica revolución en el planeamiento urbanístico de las ciudades y el papel de la vegetación y los espacios verdes en el entramado urbano.
Con el nombre de «Good Living» («Buena vida»), este plan prevé regulaciones tan disruptivas como que en cada calle, al menos del 10% al 15% (dependiendo de los resultados del estudio de impacto) de la superficie total se reservará para árboles y plantas. O esta otra norma que implica que cualquier espacio plano de más de 20 m² se utilizará como cubierta vegetal o como terraza para huerto urbano o para paneles solares.
De salir adelante, Bruselas se convertiría en una de las ciudades más «verdes» del mundo y, por su carácter de capitalidad europea, podría convertirse en un foco irradiador de la renaturalización de las ciudades al resto de urbes del continente.




