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“Debemos evolucionar de los tradicionales parques y jardines a la infraestructura verde”

Entrevista con Francisco Bergua, presidente de la AEPJP sobre la situación de la profesión y sus retos de futuro11/02/2020Sector: Jardinería y Paisajismo | Organizaciones y otrosAutor: GuíaVerde

Francisco Bergua, presidente de la Asociación Española de Parques y Jardines Públicos (AEPJP) cree que la vegetación urbana debe dejar de ser concebida como un elemento meramente ornamental, y ser considerado un servicio en favor de la salud de sus ciudadanos. Este ingeniero de montes atesora más de dos décadas al frente del Servicio de Medioambiente del Ayuntamiento de Huesca y recientemente fue nombrado Jefe de Parques y Jardines de Zaragoza, una experiencia que le ofrece una perspectiva sobre la evolución de esta profesión, hoy en día considerada elemental en la concepción de las nuevas ciudades verdes.

¿Cuál es la situación actual de la profesión? Desde hace un tiempo se viene diciendo que está en auge porque se está poniendo en valor tanto para mejorar la vida de los ciudadanos como para sumar en los objetivos de sostenibilidad.

Hay una inquietud positiva. Hablo fundamentalmente de la percepción en los ayuntamientos y sus servicios técnicos. Después de unos años de crisis tremenda que sufrimos en todos los estratos y sectores de España, y a la que no fueron ajenos los servicios públicos y particularmente los de parques y jardines en forma de reducción de recursos, se está recuperando esa asignación. Eso es positivo tanto para los ayuntamientos como para las empresas de conservación.


Por otro lado, está el protagonismo que han cobrado los objetivos de desarrollo sostenible para mitigar el cambio climático, que es un hecho. En el ámbito de las ciudades, tanto en el espacio urbano como en el periurbano, se aprecia que ese verde no era solo una cuestión ornamental, sino que aporta unos beneficios directos a las personas y su salud. Son los famosos servicios ecosistémicos que la propia sociedad, las medidas que vienen de Europa y aparentemente también del Gobierno, están reforzando en el sentido de que el mantenimiento de las ciudades no es tanto un gasto, sino una inversión por la repercusión positiva que tiene en la salud de las personas.


¿Qué beneficios aporta esa disciplina frente a los efectos del cambio climático?
Lo que ha quedado demostrado es que el verde de las ciudades, entendiendo por ello todo lo que atañe a la vegetación, como los parques y el arbolado viario, genera, como decía, unos servicios ecosistémicos. Filtran los contaminantes, el CO2 además de una forma muy directa, reduciendo la carga contaminante, que en cualquier caso seguimos teniendo. Además, está claro que si tenemos arbolado que sujetan determinadas riveras y zonas inundables ayuda significativamente a los problemas que el cambio climático está poniendo de manifiesto (ndr: en relación a las lluvias torrenciales).


Muchas ciudades están apostando por plantar árboles o están tomando decisiones que van la dirección de recuperar la ciudad para los ciudadanos… ¿Qué experiencia es un ejemplo o es emblemática?
En mi opinión lo importante no es cuántos árboles tiene una ciudad, sino cuánto de grande es la masa foliar de las copas de los árboles que tiene una ciudad. El número importa, pero no tanto. No se trata de tener troncos, sino que de forma efectiva el arbolado, tanto en viales como en calles, pueda desarrollar su copa de forma generosa. Eso es lo que al final mitiga el cambio climático. En este sentido un referente es Vitoria. Es verdad que Vitoria tiene también unas condiciones de clima, de desarrollo urbanístico, donde ha primado que la ciudad sea más para las personas, que era el objeto inicial de las ciudades, y no tanto para los coches, que es en lo que se han acabado convirtiendo.


Si por ejemplo tenemos una acera de 3 metros y ponemos árboles porque quedan muy bien, estamos generando problemas porque las personas no van a poder pasar bien. Esos árboles van a taparle al que vive en el primero totalmente toda la aireación e insolación porque es un sitio que sobre el plano queda muy bien, pero no se deben colocar árboles porque la trama urbana ya está así. Lo que hay que hacer es buscar otros lugares, que tal vez estén en el perímetro circundante de la ciudad más compacta. Debemos ir a soluciones de parques no muy artísticos arquitectónicamente hablando, sino a verdaderos espacios verdes, sumideros de CO2, que sean más naturalizados. Está bien que se destinen recursos y que los dirigentes pongan más interés en el arbolado, pero quizá el concepto va más en la naturalización de la ciudad. En ello es verdad que la columna vertebral es el arbolado, pero no solo eso.
Dejando a un lado la función del árbol en la lucha contra el cambio climático y fijándonos en la morfología del mismo o de la planta. Parece ser que en algunos ayuntamientos han empezado a dejar de primar lo estético que en ocasiones se ha traducido en árboles que ensucian con sus frutos las aceras, alergias o destrozos en los pavimentos…
Lo cierto es que en actuaciones que se han desarrollado a lo largo de España ha habido decisiones que han supuesto la selección de especies y la plantación de árboles donde nunca se tenían que haber plantado porque iban a generar problemas, lo que llamamos diservicios. Se han generado unos perjuicios que se traducen en que los árboles levantan baldosas, revientan infraestructuras, crean alergias… Aunque nos falta mucho por avanzar, y reconociendo que hay actuaciones que son puntuales, pero las hay, muy desafortunadas, sí que es verdad que sea ha mejorado mucho respecto al conocimiento. Ahora hay mayor conocimiento sobre qué tipo de árboles pueden encajar para que convivan en el espacio urbano y no generen problemas. De hecho, bastantes ayuntamientos lo incorporan a sus ordenanzas para que gobierne quien gobierne o estén los técnicos que estén, se marquen unas pautas. De esta forma se establece que sin coartar el diseño, al menos haya una profesionalización del sector que se traduzca en espacios y especies adecuadas.
 

Hablando del Congreso PARJAP que celebran en Murcia en abril la llamada infraestructura azul tendrá un destacado protagonismo. ¿Nos puede contar más sobre ella?
Lo que más en boga está es el concepto de infraestructura verde y dentro de ella, de igual manera que están los parques, las praderas, los árboles, los terrenos de árido, también están aquellos elementos naturales relacionados con el agua como son los ríos, barrancos, los sotos de ribera... Es lo que se denomina infraestructura azul. La infraestructura verde presta unos servicios, y si echamos una visual a España la vemos en espacios públicos y privados, como en la agricultura o los montes. Y dentro están los cursos de agua. Hemos nombrado la infraestructura azul en el congreso en Murcia para hacer un guiño a toda la repercusión que tiene el agua como cemento de la vida y con todo el soporte que tiene con arroyos, ríos y barrancos.


¿Cuáles son los retos para el sector?
El mayor reto es esa necesaria evolución de gestionar los tradicionales parques y jardines a la infraestructura verde. Eso no depende solo de los técnicos, es muy importante que los decisores políticos así lo vean. Debemos hacer una reflexión, que también hacemos en la asociación, para reconocer que incluso los que llevamos años en esto necesitamos repensar cómo debemos actuar. Necesitamos que también vuelvan a pensar los planificadores de la ciudad, para que se diseñen, hagan y gestionen las ciudades para las personas. El mayor reto es que dejemos de ver los parques y jardines como algo ornamental y testimonial, y vayamos hacia una infraestructura que genera unos beneficios en las personas. Probablemente nos lo tomaremos más en serio y se destinarán unos recursos necesarios para conservar esos parques, el arbolado. Si no se destinan, desgraciadamente tendremos unas carencias ya no ornamentales, si no de esa infraestructura que nos están dando unos beneficios y que no estamos valorando.